Hace unos días, publiqué esto en Facebook como una nota...
Pero me consta que algunos de mis (pocos, si es que aún queda alguno) lectores no gastan de eso; así que la republico, también, por aquí.
¡¡¡Merece la pena!!!
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La doctora María Dolores Avía es una de las especialistas más reconocidas en el campo de la inteligencia emocional. En este artículo nos ofrece algunas claves y sugerencias orientadas a abordar con imaginación la intransferible tarea de mejorar nuestra felicidad y la de aquellos que nos rodean.
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En una reciente reunión sobre Inteligencia Emocional patrocinada por la Fundación Mutua Madrileña me solicitaron que moderase una mesa redonda con el título “Diez ideas atrevidas para ser feliz”. Transmití a los ponentes la tarea de elaborar su lista, y me dispuse a escuchar varias veces las mismas sugerencias: no parecía que hubiese tantas. Sin embargo, mi sorpresa fue descubrir que, aunque todo lo que escuché encerraba una verdad, en mayor o menor medida apoyada por la investigación que en las últimas décadas se ocupa del bienestar psicológico y sus paradojas, no hubo apenas redundancias, de manera que los asistentes acabaron agradeciendo tantas y tan diversas indicaciones para acrecentar su felicidad. Mis diez puntos fueron los siguientes:
En primer lugar, no pretenderlo. Todos recordamos algún momento en el que, queriendo impresionar con una cena estupenda, lo único que hemos conseguido es un menú mucho menos suculento de lo habitual, pretendiendo dormir bien nos hemos hecho insomnes, o por querer ser graciosos hemos hecho patochadas. Una de las leyes más antiguas de la psicología experimental, la ley de Yerkes-Dodson, ya indicó que demasiada motivación perjudica el rendimiento. No tiene sentido empeñarnos en ser felices; pero permitírnoslo, estando atentos cuando sucede, sí lo tiene, y mucho.
Mi segunda recomendación es ser valientes. El valor, según los autores clásicos, es la virtud principal, necesaria para todas las demás. En este contexto, es necesario para hacer nuestra propia lista de ideas atrevidas. Dicen los teóricos de la emoción que debemos seguir nuestras propias leyes, para no actuar de acuerdo a las impuestas por otros. Cada uno logra el bienestar a su manera, y conocerla y aceptarla, por modesta, anticuada o poco ambiciosa que sea, exige valor.
Pero para llegar a conocer nuestras leyes es preciso pensar en la totalidad de lo que somos, y no tener en cuenta sólo una parte (por ejemplo, la racional, como planes, intenciones, u objetivos.) Santa Teresa decía que se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas. Al decidir hacer un gran viaje, jubilarse o ganar más dinero, a veces no se tienen en cuenta los aspectos emocionales y las dificultades, y luego no resultan agradables. La felicidad no es racional, implica la mente, los sentimientos, y el cuerpo. Ninguna felicidad es posible si no satisfacen las necesidades biológicas, como apuntó Bertrand Russell. Hasta lo intelectual es físico y fisiológico, y debe tener en cuenta la necesidad de descanso y reposo. ¡Somos criaturas de la tierra!
Para ser feliz hace falta una buena dosis de flexibilidad que permita aceptar cambios de planes y retrocesos, y reconocer lo que realmente nos ocurre, no lo que esperábamos o nos gustaría que nos ocurriera. Las personas cambiamos, somos irracionales y contradictorias, pero lo inesperado puede ser un reto y una fuente de placer y aventura. Nos pongamos como nos pongamos, la perfección no es una cualidad humana.
Aunque no es fácil, es importante mantener la perspectiva más allá de lo estrictamente presente. ¿En qué medida lo que nos preocupa hoy va a seguir haciéndolo dentro de un mes o un año? La mayoría será una anécdota. La “ley de la realidad aparente” (no nos mueve lo real, sino lo que nosotros apreciamos como real) puede ser peligrosa si no vemos el conjunto, mientras que hacerlo supone casi siempre no tomar las cosas, y sobre todo a nosotros mismos, demasiado en serio.
Sin embargo, no hay que minusvalorar el presente, todo lo contrario. El yoga y muchas formas de terapia exhortan no sólo a vivirlo, sino a estar uno mismo muy consciente en las situaciones que se viven, con atención plena (mindfulness).
Coincidido con otros ponentes en reconocer el papel decisivo de los otros en la propia felicidad. Lo que yo señalé fue aparentemente trivial: tratar de ser cordial, amable y cortés con ellos. Me impresiona el mal trato que a menudo observo entre personas de la misma familia, aunque se quieran mucho, y me parece importante subrayar la estética de la buena educación y del refinamiento en el trato, y el goce que proporcionan.
Naturalmente, hay algo más profundo: apreciar las relaciones importantes en la propia vida, y dedicarles tiempo y cultivarlas, como se hace con un buen jardín.
Creo que tenemos que dejarnos tiempo sin actuar, tiempo para observar, explorar, crear y ser un poco traviesos. El juego no sólo es importante en la infancia: a todos nos hace más libres.
Finalmente, si empecé diciendo que para ser feliz no hay que proponérselo, sí hay que reconocer que lograr la felicidad no sólo es un objetivo legítimo, sino el principal. Hacerse feliz a uno mismo y a los demás, tratar bien a todos, incluido uno mismo, no es cosa vana, aunque sí difícil. Fernando Savater decía en un ensayo que para él la felicidad se encerraba en tres elementos: la expresión artística, la cordialidad y el coraje. Si comparamos su mensaje con el mío, acepto que mis diez mandamientos se encierren en esos tres: dos coinciden con ellos, y el tercero, tan importante para él como para mí… ¡no lo he mencionado! Ánimo, pues, y pónganse a hacer su lista: ¡hay tantas cosas, atrevidas o no, que contribuyen a la felicidad! ¡No las olviden!
Autor:
» Dra. María Dolores Avía.
Facultad de Psicología. Somosaguas
Universidad Complutense de Madrid
Estudios que no valen nada
Hace 5 días
1 comentario(s):
La leí en su momento pero mira, no comenté nada. Intento gastar en lo posible de eso aunque a veces sea difícil ;)
Muuuuackss!!!
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